¿Cuál es el papel de la familia en el juego?

¿Cuál es el papel de la familia en el juego?

A menudo, os hablamos sobre la importancia del juego para el desarrollo infantil, dado que les ofrece a los niños y niñas la oportunidad para poder poner en práctica las habilidades cognitivas, motoras, sociales o emocionales, que van aprendiendo. 

Pero ¿cuál es el papel de la familia en esta actividad? 

Continuamente, llegan a nosotras padres, madres u otros referentes de niños y niñas que no encuentran su espacio en el juego de sus peques y que se sienten realmente mal por ello. 

Para poder encontrarlo, siempre ofrecemos la misma premisa: Observar el juego. 

Si queremos formar parte de este momento de nuestro niño o niña, necesitamos comprender qué es lo que le está ofreciendo esta actividad: ¿Qué tipo de juego es?, ¿qué le gusta de él?, ¿qué busca qué ocurra?, ¿qué está aprendiendo? 

La observación nos permite el acceso al juego; entrar a su mundo y crear situaciones que vayan generando esos estímulos que buscan y esos aprendizajes que están practicando, al mismo tiempo que disfrutamos juntos. 

Porque no, el papel de la familia en el juego no es entretener al menor. Es encontrar un espacio de disfrute compartido, adaptándonos al desarrollo evolutivo del niño o la niña. 

Si conseguimos llegar a este punto, entrando a su juego y disfrutando conjuntamente, paralelamente, estaremos trabajando todos estos objetivos familiares: 

  • Fortalecer el apego 
  • Transmitir nuestros valores 
  • Ofrecer oportunidades de aprendizaje (cognitivo, social y emocional) 
  • Mejorar la empatía mutua 
  • Entrenar las habilidades sociales y de resolución de conflictos en familia 
  • Promover el bienestar familiar 

¡Así de fácil! ¿O no? 

Hay personas a las que no les resulta para nada gratificante este momento. No pueden disfrutar del juego con los niños y niñas por mucho que quieran. En tal caso, es importante buscar los pequeños puntos que nos ayudarían a pasarlo mejor: reducir los conflictos durante el juego, cambiar la historia, añadir movimientos nuevos, elegir otros juegos, hacer trampas… ¡Todo vale! 

Que los juegos sean algo infantil no quiere decir que en el momento de juego familiar no podamos introducir algunos cambios. Sólo debemos buscar adaptaciones que los y las menores puedan tolerar sin olvidar que debemos disfrutar todxs. ¡No podemos pasar al otro extremo de disfrutar sólo nosotrxs! 

¿Cómo podemos hacerlo? 

  • Ofreciendo alternativas (no imponiéndolas) 
  • Reforzando siempre y explicando lo que sí que nos gusta de su juego 
  • Expresando lo que no nos gusta de forma asertiva 
  • Validando sus emociones si expresa molestia por nuestros cambios 
  • Negociando asertivamente
  • Dando ejemplo al flexibilizar para adaptarnos a sus decisiones  
  • Reforzando mucho los pequeños cambios de opinión 
  • Demostrando en todo momento que disfrutamos del juego y de esta toma de decisiones compartida 
  • Dejando que el niño o la niña tenga espacios de juego totalmente libre 

Esperamos que os haya resultado interesante el artículo y que haya ayudado a gestionar la situación en casa. Pero recordad, si sentís que una situación así se os va de las manos, no dudéis en acudir a un/a profesional.  

¡Hasta la semana que viene! 

El Equipo de Somni Psicologia 

Rechazo escolar: ¿le obligo a ir al cole?

Rechazo escolar: ¿le obligo a ir al cole?

A menudo, vienen familias a nuestro centro comentándonos que sus peques no quieren asistir al colegio. Hablan de tristeza en casa, momentos de difícil gestión previos a ir al centro educativo y enfermedades sospechosas que aparecen y desaparecen según el contexto en que se encuentren. 

Normalmente, este rechazo escolar se debe a la ansiedad que sienten estos niños y niñas respecto algo que ocurre en el colegio y que han sobregeneralizado, de forma que actualmente envuelve todo el contexto educativo. 

Por tanto, no es un berrinche sin más, hay una ansiedad detrás que debemos abarcar y tratar, a fin de que el niño o la niña pueda asistir al colegio sin sufrir como lo hace en este momento. 

Entonces, si se trata de ansiedad ¿debemos ceder y dejar que no asista a clase? 

La ansiedad puede resultar totalmente abrumadora si nos están haciendo esta demanda, pero la respuesta es un rotundo no. Lo que debemos hacer es mirar de adaptarnos a su situación, empatizar y acompañarlos/las en la exposición a la situación ansiógena para ayudarles a obtener recursos. 

Y ¿Cómo podemos hacerlo? 

En primer lugar, y más importante, debemos iniciar un proceso de diálogo, si no lo tenemos ya, con el centro educativo. Tenemos que intentar descubrir dónde está la base del problema y guiarles para que puedan prestar especial atención al seguimiento del niño o la niña.  

Otro punto clave es la confianza con el centro educativo. Cuando vemos sufrir a un hijo o una hija es muy difícil tolerar la impotencia de no estar presente en las horas de clase, pero debemos hacer un trabajo de confianza hacia el protocolo del centro educativo y los/las profesionales que se encargan de gestionarlo. Tampoco será fácil para ellos y ellas, pero lo estarán intentando en la medida que les sea posible. 

En segundo lugar, es importante trabajar la comunicación y la empatía en casa. Deberemos buscar la causa, la fuente de esta ansiedad, y debemos hacerlo en el entorno de máxima confianza, pues los peques no siempre podrán mostrarse totalmente vulnerables en el entorno que les genera ansiedad. ¡La intervención en casa es clave! 

Para hablar sobre ello, recordad la importancia de la validación emocional. Posiblemente nuestro niño o niña habrá tomado decisiones que no nos parezcan del todo adecuadas, pero debemos dejar el juicio de lado, validar su estado emocional, acompañarle y crear un espacio seguro para proponer alternativas. 

En tercer lugar, la clave para ayudarles será la exposición. Los menores deben asistir al colegio y no podemos denegarles ese derecho pese a la ansiedad que este suponga para ellos/as. La exposición será dura y deberemos trabajar nuestra empatía en todo momento, pero los límites serán la clave. 

  • La tristeza el domingo por la noche 
  • El llanto cuando pida no ir a la escuela 
  • Cuando se tenga que vestir por la mañana 
  • Al subir al coche o salir de casa 
  • Los “no me puedes obligar” 

Todos serán momentos duros pero que les ayudarán a largo plazo para poder gestionarlo. La clave está en validarles emocionalmente, mantener el límite y aguantar, por muy duro que sea. 

En cuarto lugar, es clave acompañar la emoción a la salida del colegio, abrir un espacio de comunicación con nuestros peques y consultar con los referentes del centro educativo. Esta primera parte será clave para poder mostrar empatía, para recopilar información y para buscar estrategias conjuntamente.  

Pero después, no olvides la importancia de buscar momentos de felicidad absoluta cada día. Id al parque, jugad juntos a algo que le guste, pensad planes para el fin de semana, ¡cualquier cosa vale! Lo más importante es poder ayudarle a desconectar de la ansiedad y romper con el malestar por un ratito. 

Esperamos que os haya resultado interesante el artículo y que haya ayudado a gestionar la situación en casa. Pero recordad, si sentís que una situación así se os va de las manos, no dudéis en acudir a un/a profesional.  

¡Hasta la semana que viene! 

El Equipo de Somni Psicologia 

El duelo en la infancia

El duelo en la infancia

Tanto la muerte como el proceso de duelo, siguen siendo un tabú en nuestra sociedad, algo que intentamos ocultar o que nos cuesta compartir. No deja de ser curioso e incoherente, puesto que todos y todas en algún momento vamos a sufrir algún tipo de perdida y vamos a pasar por un proceso de duelo, es algo inevitable.  

Y es que un error muy común es entender el duelo como un proceso que ocurre solo después de la muerte de alguien. Muchas veces lxs niñxs y adolescentes pasan por procesos de duelo y de pérdida, como por ejemplo un desengaño amoroso, la separación de los padres o un fracaso académico; y para ellos y ellas el proceso de duelo es el mismo que el que pasamos ante una pérdida de un ser querido.  

Existe la falsa creencia arraigada de que podemos proteger a los niños y niñas del sufrimiento y del dolor, y que la mejor manera de hacerlo es evitar mostrarnos vulnerables, evitar mostrar nuestro sufrimiento, nuestro dolor y en definitiva nuestros propios sentimientos. 

Ya os anticipamos que esto no va a funcionar. ¿Por qué?  

Porque lo que les estamos enseñando a lxs peques es a ignorar las emociones, esconderlas y guardárnoslas para nosotros mismos/as, sin expresarlas. Y no solo eso, les estamos quitando la oportunidad de aprender cómo gestionar estas situaciones, ya que mostrar nuestro propio sufrimiento y que ellxs también puedan vivirlo con nosotrxs, nos permite que obtengan las herramientas para que, cuando se encuentren en estas situaciones, sepan cómo manejarlas y dispongan de las herramientas para poder salir adelante.  

Así pues, ocultando todas estas emociones no les estamos protegiendo, sino todo lo contrario, les estamos eliminando la oportunidad de aprender y de poder gestionar de manera óptima su proceso de duelo cuando les llegue porque, aunque no queramos, les va a llegar.  

Entendiendo entonces que es inevitable que los niños y niñas pasen por este proceso, ¿qué diferencias podemos encontrar entre su proceso de duelo y el de un adulto/a? 

  • El duelo infantil es un duelo mucho más corto, ya que lxs niñxs no pueden sostener de manera prolongada sentimientos y emociones como el dolor o el sufrimiento. Puede haber periodos en los que parezca que el/la peque ha olvidado esa pérdida y que su actitud y sus emociones no vayan acuerdo con eso, pero es simplemente mera supervivencia. 
     
  • Lxs niñxs tienden a expresar ese dolor y ese proceso de duelo durante actividades, juegos o en otros momentos de ocio. En ese momento es donde suelen aparecer/hacer referencia a esas emociones y no tanto en sus conductas o en hablar de manera abierta sobre esas emociones.  
     
  • También puede ser que las emociones que aparezcan durante el proceso de duelo no tengan nada que ver con las emociones que esperaríamos en este tipo de situaciones (estar tristes, llorar, desconsuelo). Y es que muchas veces aparecen conductas como rabia, agresividad o incluso a veces no aparece ningún tipo de conducta que podamos relacionar con el duelo. Es normal y forma parte del proceso, y en cada peque encontraremos la manera de poder trabajarlo y gestionarlo.  
     
  • En la adolescencia el duelo es mucho más parecido al del/de la adulta pero, como sabemos, en esta época se vive todo muy intensamente, las emociones están muy a flor de piel. Por eso, otros tipos de duelo como la pérdida de una amistad, un desamor, un fracaso académico, se puede vivir como un proceso de duelo parecido al de la pérdida de alguien, con una carga emocional muy elevada. No queremos desvalorizar eso o pensar que están exagerando, para ellxs es así y hay que tratarlo como un duelo, de la misma manera. 
      

Y, sabiendo todo esto, ¿cómo podemos ayudar como adultos?  

  • A partir de los 6 años se recomienda que puedan empezar a formar parte de los rituales que acompañan la pérdida de alguien, como puede ser un tanatorio, un funeral… Teniendo en cuenta que habrá que anticiparles qué se van a encontrar allí, qué va a pasar en cada momento, para que puedan a saber qué es lo que va a suceder. También es importante que tengan una figura de referencia, alguien próximo que este junto a ellxs todo el rato y que pueda contestar todas sus dudas, siempre adecuando el lenguaje para que el niño o la niña sea capaz de entenderlo. Para ellxs es algo nuevo que les va a generar mucha curiosidad y muchas dudas, y es importante poder responderlas todas, adaptándolas a su edad y comprensión.  
     
  • Cuando tengamos que comunicar la muerte de alguien, además de adecuarlo a la edad del niño o niña, es importante que lo haga un pariente próximo o una persona referente para él/ella, intentando no tener que esperar mucho a tiempo des de que ha transcurrido y buscando un entorno en el que el o la peque se sienta cómodx y tranquilx. 
     
  • Cuando lo comuniquemos, procuremos no utilizar expresiones que puedan confundir al niño/a: la persona se ha ido, la persona se ha quedado dormida. Este tipo de expresiones pueden generar miedo a no querer irse a dormir por miedo a no despertarse, puede generar dependencia a no poder separarse de las personas de su entorno por miedo a que no vuelvan. Adecuar el lenguaje, pero ser claros para evitar este tipo de confusiones.  
     
  • Brindar espacios en los que expresarse emocionalmente, no solo el niño o niña sino también nosotrxs mismxs. Que sean capaces de ver lo que estamos sintiendo, y ayudarles a entender, poner palabras y gestionar lo que están sintiendo ellxs.  
     
    En la adolescencia es muy importante que seamos lxs referentes quienes brindemos este espacio, ya que muchas veces los y las adolescentes, para no parecer diferentes a su entorno, o simplemente porque creen que ellxs solxs ya van a poder con todo esto, tienden a no expresar esas emociones. Es importante que brindemos este espacio, aunque sepamos que puede ser que después ellxs no lo acepten y lo rechacen.  
     
  • Intentar buscar una manera de reacomodar a la persona que ha muerto en la nueva realidad. Por ejemplo, buscar un espacio en el entorno que nos permita recordar a esa persona en ese espacio (un sitio especial, un árbol…). Que en este espacio el niño o niña encuentre la manera de poder contarle algo, o si quiere sacar recuerdos, emociones… Y es que muchas veces un espacio exterior, físico, facilita el poder sacar todos estos pensamientos y/o emociones. Obviamente siempre acompañadx de un adultx de referencia que le pueda ir ayudando a poder poner palabras y a gestionarlo.  

 

Esperemos que el artículo de hoy os haya resultado interesante y útil para esos momentos en los que no sabemos cómo actuar con lxs niñxs. ¡Hasta la semana que viene! 
 

El Equipo de Somni Psicologia 

¿Cómo facilitar a los más peques la vuelta a la escuela?

¿Cómo facilitar a los más peques la vuelta a la escuela?

A pesar de que parece que empezaron ayer, ¡ha llegado septiembre y con él se han acabado las vacaciones! Los adultos y adultas volvemos a nuestros trabajos y actividades habituales, y poco a poco volvemos a adaptarnos a nuestros horarios y rutinas, con más o menos facilidad y gestionando las emociones que esta vuelta nos puede generar de la mejor manera posible. 
 
Los niños y niñas también tienen que pasar por el mismo proceso que nosotros y, del mismo modo que nos puede pasar a los adultos/as, puede ser que les sea complicado identificar y gestionar las emociones que pueden surgir durante este proceso y todo lo que rodea la vuelta a la rutina: nuevos horarios, reencuentros, responsabilidades, etc. 
 
Es por todo esto que hoy os dejamos unos cuántos consejos e ideas para facilitar a los/las peques de la casa la vuelta a la escuela, para ayudarles a gestionarlo de la mejor manera posible: 
 
1. Anticipar el final de las vacaciones 
En el caso de niños y niñas que todavía no han empezado la escuela es importante ir anticipando que se acaban las vacaciones, que empezará la escuela, que volverán a ver a sus compañeros y compañeras, para que puedan ir haciéndose la idea con el mayor margen de tiempo posible. 
 
2. Vuelta a la rutina 
Por mucho que intentamos mantener los horarios del curso durante el verano, las vacaciones, los planes y la falta de rutina, pueden hacer que estos horarios vayan variando a lo largo de estos meses. Nos será muy complicado volver a los horarios del curso de golpe, y por eso recomendamos irlo haciendo de manera gradual, para que los niños y niñas puedan ir adaptándose despacio de nuevo a su rutina. 
 
3. Comunicación 
Es normal que con la vuelta en la escuela a los niños y niñas les surjan nervios, miedos o dudas respecto al nuevo curso: tener los mismos compañeros/as, cambiar de tutor/a, no querer separarse de los padres y/o madres, y una lista infinita de incertidumbres que pueden pasar por su cabeza. Generar espacios en los cuales pueda hablar de estas cosas, y ayudarlo a anticipar o poder resolver algunas de estas cuestiones los días previos a empezar, nos ayudarán a hacerlo sentir más seguro y con más confianza. 
 
4. Hablar en positivo 
Muchas veces la imagen que los niños y niñas tienen o se hacen de la escuela, viene condicionada por cómo nosotros hablamos de ella. Es importante poder centrar nuestro discurso hacia ellos/as sobre todas aquellas cosas buenas que puede tener la escuela: las cosas que aprenderán, los compañeros con quienes se reencontrarán, que bien que se lo pasarán… poner el foco de nuestro discurso en las cosas buenas, hará que los/las más pequeños/se también se centren en estas. 
 
5. Ganar tiempo  
Puede pasar que los primeros días de escuela los niños y niñas vayan más despacio y tarden más rato a prepararse por la mañana, hecho que puede comportar muchos conflictos por el hecho de tener que correr para no llegar tarde. Una forma de evitar estas situaciones puede ser ganando tiempo despertándonos antes. Si, sabemos que la vuelta a la rutina también es dura para los padres y/o madres, pero esto nos permitirá adaptarnos a sus ritmos, y hacer que despacio vuelvan a adaptarse a los horarios habituales, ¡y ahorrarnos más de un conflicto! 
 
6. Compartir las emociones propias 
A veces buscamos y deseamos que los niños y niñas sean capaces de compartir sus emociones y como se están sintiendo, pero si nos analizamos en nosotros/as mismos/as, vemos que no estamos precisamente predicando con el ejemplo. Y es que la mejor manera de que ellos y ellas encuentren este espacio es generarlo nosotros/as. Hablar de cómo nos hace sentir que se acaben las vacaciones, las emociones que nos genera volver a trabajar, empatizar con cómo se deben sentir ellos/as, etc. les hará sentir más seguros/as a la hora de abrirse y poco a poco, ser capaces de compartir y hablar de cómo se están sintiendo. 

7. Paciencia, empatía y comprensión
Y es que por mucho que intentemos anticipar, que los/las ayudemos y preparemos para la vuelta en la escuela, no dejan de ser niños y niñas que estos días estarán en una montaña rusa de emociones que, combinada con el cansancio físico y mental, hará que puedan aparecer en casa más rabietas o explosiones. Es importante intentar empatizar con todo aquello que están viviendo estos días, cargándonos de paciencia, empatía y comprensión. 
 
Esperamos que tengáis una muy buena vuelta de vacaciones y que estos consejos os sirvan y os ayuden con la vuelta en la escuela de vuestros hijos y/o hijas! 
 
El Equipo de Somni Psicologia 

¿Dónde está el límite de las faltas de respeto?

¿Dónde está el límite de las faltas de respeto?

A menudo, vienen familias a nuestro centro comentándonos que sus peques les faltan al respeto. Tienden a mencionar que esto comenzó con pequeños comentarios a los que no dieron importancia y que han evolucionado a algo que no saben cómo controlar. 

Sin embargo, cuando concretamos esta demanda y hacemos una pequeña exploración de qué está ocurriendo, cada familia sitúa el umbral entre estos comentarios inofensivos y las faltas de respeto en un lugar distinto. 

Eso nos hace pensar: ¿existe un límite universal a partir del cual un comentario se convierte en falta de respeto? 

Años atrás, la respuesta era un claro sí. En los colegios y las familias tendía a predominar un estilo de crianza autoritario, basado en el establecimiento de límites muy claros con consecuencias bastante más extremas de lo que hoy estamos acostumbrados y acostumbradas. 

En esa época, todos los niños o niñas que se expresaran con un tono de voz desafiante ya obtenían una reprimenda, independientemente del discurso a nivel de comunicación verbal. Hoy en día, por suerte, esto ha cambiado. 

¿Pero qué implica esto? 

Este cambio implica muchas consecuencias positivas. La crianza a través de un estilo de crianza democrático, nos permite que las personas crezcan con mayor seguridad en sí mismas, mayor poder de decisión, mejor gestión emocional y una salud mental más sólida. 

Sin embargo, con este cambio, perdemos la firmeza de este umbral entre lo que es correcto y lo que no lo es, dado que nos centramos en la individualidad de cada menor para ayudarle a gestionar su día a día y ponemos los límites en el momento en que consideramos que algo le puede traer consecuencias aversivas a esta personita en concreto. 

Esto implica que una familia puede considerar como falta de respeto un comentario con un tono de voz más agresivo, mientras que otra familia lo considerará un comentario desafortunado y únicamente contemplará como una falta de respeto un insulto o un golpe. 

Esta diversidad entre familias en principio no es considerada un problema. Cada cual tiene derecho a poner los límites donde considere y asumir las consecuencias que esto suponga en su casa. 

Pero, ¿qué consecuencias puede tener esta diversidad de opiniones para el desarrollo del niño o la niña? 

Las consecuencias son muchas y muy diversas pero el núcleo central entre ellas será la falta de coherencia en los límites.  

Esta aparecerá debido a la falta de acuerdo entre los límites en los distintos entornos: casa, colegio, extraescolares, instituto, amistades, pareja, lugar de trabajo…. Cada uno de ellos establecerá límites y consecuencias distintos lo que supondrá una gestión emocional mucho más difícil de estos. 

¿Cómo podemos evitarlo? 

Debemos intentar establecer unos límites que, no sólo se basen en el cumplimiento de los derechos y deberes de todos los miembros de la familia, sino que también tengan en cuenta las consecuencias que puede acarrear la conducta de nuestros niños y niñas en todos los otros entornos en los que probablemente se vayan a mover en un futuro. 

Esperamos que os haya resultado interesante el artículo y que os ayude a analizar cómo están siendo los límites en vuestras casas. ¡Hasta la semana que viene! 

El Equipo de Somni Psicologia 

La música como herramienta de gestión emocional

La música como herramienta de gestión emocional

La música y los sonidos han ido desde siempre ligados al ser humano. Antes de que existiera el lenguaje, se utilizaban para comunicarse entre ellos, o como herramienta de supervivencia para avisarse cuando había algún peligro. Y es que los sonidos musicales son la base del lenguaje, pues nuestro tono de voz, el ritmo, la modulación, etc. poseen rasgos musicales.  

Pero la música no se encuentra sólo en el origen de nuestro lenguaje o de nosotros y nosotras como especie, sino que también en el origen de cada persona. Desde que nacemos, a los pocos días de vida, somos capaces de reaccionar a estímulos musicales: cuando el bebé se queda dormido escuchando una nana, o se queda relajado al escuchar los latidos del corazón de su madre.  

Toda esta capacidad innata musical, juega un papel muy importante en nuestro desarrollo tanto emocional, como social y cognitivo, especialmente durante los primeros meses de vida.  

Pero, ¿cómo llega la música desde nuestros oídos hasta generarnos emociones? 

La música llega a nuestros oídos a través de ondas sonoras, que al llegar a nuestro oído se convierten en estímulos mecánicos, es decir, en movimiento, hasta llegar al órgano de Corti. Éste es el encargado de transformar estos estímulos mecánicos en estímulos eléctricos, que es el único lenguaje que nuestro cerebro entiende.  

A pesar de que son muchas las áreas de nuestro cerebro que se estimulan o intervienen en este proceso, a nivel emocional una de las más importantes es el sistema límbico. Este sistema está relacionado con las emociones y también con los instintos, y lo que hace es activar ciertas partes cuando nuestro cerebro reconoce una melodía.  

Por ejemplo, este sistema activa la memoria y la evocación de recuerdos, por eso muchas veces cuando reconocemos una canción no solo nos produce una emoción, sino que además nos evoca algún recuerdo que tenemos ligado a esa música.  

Además, este sistema también gestiona las respuestas fisiológicas de nuestro organismo ante ciertos estímulos. Cuando escuchamos o hacemos música, se estimulan muchas conexiones en muchas áreas cerebrales, las involucradas en las emociones, sí, pero también los sistemas de recompensa, las sensaciones, el movimiento, la cognición, etc. Por ejemplo, cuando escuchamos una canción que nos gusta, nuestro sistema dopaminérgico genera dopamina, un neurotransmisor que nos hace sentir bien, y que otorga a la música el poder de cambiar nuestro estado de ánimo.  

Otra de las áreas que hemos comentado anteriormente es el movimiento. Y es que muchas veces al oír o recordar una canción, seguimos el ritmo moviendo la cabeza, el pie, la pierna… Y este propio movimiento también muchas veces es capaz de activarnos, activando también nuestra respiración, nuestras pulsaciones, lo cual puede ayudar a cambiar nuestro estado anímico.  

Hay muchos autores que defienden que la música es una de las actividades más complejas de la mente humana, tanto de entender como de explicar, y que de todas las artes que hay, es la que tiene más poder de cambiar la consciencia humana, convirtiéndola en una poderosa herramienta para gestionar las emociones.  

Y si hemos hablado de la importancia que tiene la música, especialmente cuando somos pequeños/as, y de la gran capacidad que tiene para ayudarnos al desarrollo social, cognitivo y también emocional, ¿por qué no utilizarla más como herramienta para trabajar con los niños y niñas todas estas áreas de desarrollo?  

La música permite que afloren nuestras emociones, siendo una buena manera de mejorar el autoconocimiento de los niños y niñas, permitiendo identificar sus emociones y aprender a gestionarlas y/o regularlas. También nos permite ver que una misma música o situación puede generar sentimientos o emociones diferentes en ellos mismos/as que en otros, dando lugar a la escucha activa y a la empatía para entender las emociones del otro/a.  

Además, el poder de la música para cambiar nuestro estado de ánimo permite ayudar a los niños/as a cambiar el suyo. Por ejemplo, en situaciones en las que necesitan estar relajados o en calma, y que aún no son capaces de llegar a ese estado por ellos mismos, podemos ayudarles de la música como herramienta para llegar a sentirse de esa manera. En otros casos, como por ejemplo si queremos ayudarles a sacar rabia o frustración, la música nos puede ayudar a liberar adrenalina, incitándoles a moverse y expresarse.  

El poder de la música de evocar recuerdos, también puede ayudar a los niños y niñas a conectar a través de diferentes melodías que relacionen con diferentes emociones, con esos recuerdos o situaciones en las que se han podido sentir así, para facilitar la identificación y gestión de las mismas.  

Como veis, la música puede ser una poderosa herramienta para el mundo emocional de los niños y niñas, y son infinitas las maneras en las que podemos utilizarla para su beneficio.  

Esperamos que el artículo os haya resultado interesante, ¡nos vemos la semana que viene! 

El Equipo de Somni Psicologia 

Hola, ¿ te puedo ayudar?