El duelo en la infancia

Tanto la muerte como el proceso de duelo, siguen siendo un tabú en nuestra sociedad, algo que intentamos ocultar o que nos cuesta compartir. No deja de ser curioso e incoherente, puesto que todos y todas en algún momento vamos a sufrir algún tipo de perdida y vamos a pasar por un proceso de duelo, es algo inevitable.  

Y es que un error muy común es entender el duelo como un proceso que ocurre solo después de la muerte de alguien. Muchas veces lxs niñxs y adolescentes pasan por procesos de duelo y de pérdida, como por ejemplo un desengaño amoroso, la separación de los padres o un fracaso académico; y para ellos y ellas el proceso de duelo es el mismo que el que pasamos ante una pérdida de un ser querido.  

Existe la falsa creencia arraigada de que podemos proteger a los niños y niñas del sufrimiento y del dolor, y que la mejor manera de hacerlo es evitar mostrarnos vulnerables, evitar mostrar nuestro sufrimiento, nuestro dolor y en definitiva nuestros propios sentimientos. 

Ya os anticipamos que esto no va a funcionar. ¿Por qué?  

Porque lo que les estamos enseñando a lxs peques es a ignorar las emociones, esconderlas y guardárnoslas para nosotros mismos/as, sin expresarlas. Y no solo eso, les estamos quitando la oportunidad de aprender cómo gestionar estas situaciones, ya que mostrar nuestro propio sufrimiento y que ellxs también puedan vivirlo con nosotrxs, nos permite que obtengan las herramientas para que, cuando se encuentren en estas situaciones, sepan cómo manejarlas y dispongan de las herramientas para poder salir adelante.  

Así pues, ocultando todas estas emociones no les estamos protegiendo, sino todo lo contrario, les estamos eliminando la oportunidad de aprender y de poder gestionar de manera óptima su proceso de duelo cuando les llegue porque, aunque no queramos, les va a llegar.  

Entendiendo entonces que es inevitable que los niños y niñas pasen por este proceso, ¿qué diferencias podemos encontrar entre su proceso de duelo y el de un adulto/a? 

  • El duelo infantil es un duelo mucho más corto, ya que lxs niñxs no pueden sostener de manera prolongada sentimientos y emociones como el dolor o el sufrimiento. Puede haber periodos en los que parezca que el/la peque ha olvidado esa pérdida y que su actitud y sus emociones no vayan acuerdo con eso, pero es simplemente mera supervivencia. 
     
  • Lxs niñxs tienden a expresar ese dolor y ese proceso de duelo durante actividades, juegos o en otros momentos de ocio. En ese momento es donde suelen aparecer/hacer referencia a esas emociones y no tanto en sus conductas o en hablar de manera abierta sobre esas emociones.  
     
  • También puede ser que las emociones que aparezcan durante el proceso de duelo no tengan nada que ver con las emociones que esperaríamos en este tipo de situaciones (estar tristes, llorar, desconsuelo). Y es que muchas veces aparecen conductas como rabia, agresividad o incluso a veces no aparece ningún tipo de conducta que podamos relacionar con el duelo. Es normal y forma parte del proceso, y en cada peque encontraremos la manera de poder trabajarlo y gestionarlo.  
     
  • En la adolescencia el duelo es mucho más parecido al del/de la adulta pero, como sabemos, en esta época se vive todo muy intensamente, las emociones están muy a flor de piel. Por eso, otros tipos de duelo como la pérdida de una amistad, un desamor, un fracaso académico, se puede vivir como un proceso de duelo parecido al de la pérdida de alguien, con una carga emocional muy elevada. No queremos desvalorizar eso o pensar que están exagerando, para ellxs es así y hay que tratarlo como un duelo, de la misma manera. 
      

Y, sabiendo todo esto, ¿cómo podemos ayudar como adultos?  

  • A partir de los 6 años se recomienda que puedan empezar a formar parte de los rituales que acompañan la pérdida de alguien, como puede ser un tanatorio, un funeral… Teniendo en cuenta que habrá que anticiparles qué se van a encontrar allí, qué va a pasar en cada momento, para que puedan a saber qué es lo que va a suceder. También es importante que tengan una figura de referencia, alguien próximo que este junto a ellxs todo el rato y que pueda contestar todas sus dudas, siempre adecuando el lenguaje para que el niño o la niña sea capaz de entenderlo. Para ellxs es algo nuevo que les va a generar mucha curiosidad y muchas dudas, y es importante poder responderlas todas, adaptándolas a su edad y comprensión.  
     
  • Cuando tengamos que comunicar la muerte de alguien, además de adecuarlo a la edad del niño o niña, es importante que lo haga un pariente próximo o una persona referente para él/ella, intentando no tener que esperar mucho a tiempo des de que ha transcurrido y buscando un entorno en el que el o la peque se sienta cómodx y tranquilx. 
     
  • Cuando lo comuniquemos, procuremos no utilizar expresiones que puedan confundir al niño/a: la persona se ha ido, la persona se ha quedado dormida. Este tipo de expresiones pueden generar miedo a no querer irse a dormir por miedo a no despertarse, puede generar dependencia a no poder separarse de las personas de su entorno por miedo a que no vuelvan. Adecuar el lenguaje, pero ser claros para evitar este tipo de confusiones.  
     
  • Brindar espacios en los que expresarse emocionalmente, no solo el niño o niña sino también nosotrxs mismxs. Que sean capaces de ver lo que estamos sintiendo, y ayudarles a entender, poner palabras y gestionar lo que están sintiendo ellxs.  
     
    En la adolescencia es muy importante que seamos lxs referentes quienes brindemos este espacio, ya que muchas veces los y las adolescentes, para no parecer diferentes a su entorno, o simplemente porque creen que ellxs solxs ya van a poder con todo esto, tienden a no expresar esas emociones. Es importante que brindemos este espacio, aunque sepamos que puede ser que después ellxs no lo acepten y lo rechacen.  
     
  • Intentar buscar una manera de reacomodar a la persona que ha muerto en la nueva realidad. Por ejemplo, buscar un espacio en el entorno que nos permita recordar a esa persona en ese espacio (un sitio especial, un árbol…). Que en este espacio el niño o niña encuentre la manera de poder contarle algo, o si quiere sacar recuerdos, emociones… Y es que muchas veces un espacio exterior, físico, facilita el poder sacar todos estos pensamientos y/o emociones. Obviamente siempre acompañadx de un adultx de referencia que le pueda ir ayudando a poder poner palabras y a gestionarlo.  

 

Esperemos que el artículo de hoy os haya resultado interesante y útil para esos momentos en los que no sabemos cómo actuar con lxs niñxs. ¡Hasta la semana que viene! 
 

El Equipo de Somni Psicologia 

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